POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Si proponer la legalización de las drogas es visto en nuestro tiempo como un hecho inaudito, habría que ver el escándalo que se armó un siglo atrás en Estados Unidos cuando la venta de alcohol pasó de la clandestinidad a la legalidad en el visionario gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt: al final de cuentas, droga y alcohol son iguales de dañinas, pero la venta del segundo está permitida y de la primera no.
Y como suele pasar con los políticos que tratan de hacerse pasar como vanguardistas, como los perredistas del Distrito Federal que lanzaron la iniciativa para legalizar el uso y venta de la mariguana, sus propuestas resultan rebasadas por las circunstancias: a estas alturas es insuficiente que se legalice la venta y el consumo de dicha yerba, pues es necesario que se haga lo mismo también con todo tipo de drogas que en la actualidad están prohibidas por nuestra sociedad.
La propuesta de legalizar la venta y consumo de drogas no es, en absoluto, algo jalado de los pelos o, si se prefiere para ir a tono, una mariguanada salida de una mente febril. Nada de eso: se trata de una propuesta revolucionaria en varios sentidos, pues todos aceptan como buenas las drogas del alcohol y del tabaco –su venta y consumo es completamente legal–, pero se escandalizan si se pide lo mismo por las que están vetadas actualmente, como son los casos de la mariguana, la amapola, etcétera.
El autor de esta columna de culto está muy lejos de ser adicto a droga alguna (nunca me ha apetecido meterme, como los cerdos, nada por la nariz), razón por la que no me mueve ningún interés personal; pero de ninguna manera puedo ignorar un problema social de grandes dimensiones como lo es el de la drogadicción, mismo al que se le quiere ver sólo en una parte de su faceta. El consumo de drogas como la heroína, la cocaína y otros derivados, ciertamente, es malo; sin embargo, el alcohol y el tabaco también son dañinos y, no obstante, hemos podido sobrevivir hasta nuestros días con ellos.
Una de las razones de mayor peso para tener que legalizar las drogas consiste en algo tan grande como el de evitar tantas muertes absurdas, de uno y otro bando, por la declarada guerra sin cuartel a los narcotraficantes. ¿Por qué tanta muerte violenta entre los propios narcos? Simple: por el control de la plaza que, entre más grande, mejor redituable. Pero la lucha encarnizada es porque se trata de un negocio ilícito: una vez que sea legalizado, dejará de ser un peligro para la sociedad en general.
Lo peligroso de la distribución de alcohol en la época de la prohibición hizo que surgieran las grandes mafias y los famosos capos que controlaban el negocio en Estados Unidos, principalmente al norte del país. Tipos como Al Capone se convirtieron en leyendas al tener el poder político y económico que les permitió hacer lo que se les pegara la gana. Las muertes de miembros de bandas rivales era cosa de todos los días, igual que hoy ocurre con los narcotraficantes en su disputa de los mejores puntos de distribución.
Como una calca fiel de lo que se repite hoy, en los tiempos de la prohibición de alcohol en Estados Unidos los traficantes no se tocaban el corazón para exterminar a sus competidores. Es muy célebre la matanza ocurrida en un Día de San Valentín, que nada de romántico tuvo, en la búsqueda del control de la plaza. Pero no sólo perdieron la vida los delincuentes, sino que también ocurrió lo mismo con los honestos policías que se encargaron de combatirlos, como tan magistralmente lo expuso en la década de los 80 el cineasta Brian de Palma en su clásico filme Los Intocables.
Sin embargo, el lacerante problema se terminó en Estados Unidos no porque se hubiera ganado la batalla al crimen organizado dedicado al tráfico de alcohol, sino cuando se volvió legal su venta y consumo. De igual forma, si se legaliza la venta y consumo de heroína, cocaína y demás drogas, el problema fundamental también se acabaría de tajo, pues los competidores saldrían de la ilegalidad y no tendrían que arreglar sus diferencias a balazos, sino siendo más competitivos en el mercado.
El autor de esta columna de culto nunca ha visto que los directivos de corporativos como Bacardí, Casa Domecq, Tequila Cuervo, Marlboro, Raleigh, etcétera, arreglen sus diferencias a punta de pistola, puesto que se trata de empresarios que se desenvuelven en el ámbito de la legalidad. De igual forma, digo, podrían desenvolverse los que actualmente se encuentran en la ilegalidad: al ser lícita su actividad, pasarían a ser importantes hombres de negocios que cambiarían la Ak 47 por la “laptop” y el teléfono celular de última generación.
Repito: lo más importante de todo esto sería que se evitara el baño de sangre que actualmente se da en todos los rincones del país y que sólo deja luto, dolor y desamparo en los dos bandos, el de los narcos y el de los cuerpos policíacos que los combaten, todos ellos mexicanos o hermanos latinoamericanos. ¿Por qué permitir que corra más sangre –inocente o no— en una lucha fratricida que está perdida de antemano, si se puede evitar permitiendo la legalización de las drogas?
Ahora bien, no faltará el escéptico que argumente que la legalización de las drogas agravaría más el problema de adicción entre los jóvenes. Bueno, yo le digo que así como hay lugares para la rehabilitación de alcohólicos y de fumadores empedernidos, también podría haberlos para los que consuman coca, heroína, ice y todas las demás existencias. De hecho, en lugar de destinar el calderonato exorbitantes cantidades de dinero en el inútil combate a los narcos, mejor que los emplee en construir centros de rehabilitación para todos los drogadictos.
“LOCHO”, AL VIEJO ESTILO
Cualquiera que justifique la estrategia política de “Locho” Morán Sánchez, en el sentido de “destaparse” como precandidato blanquiazul a gobernador del estado en una comelitona con varios cientos de entusiastas seguidores, tendrá que aceptar también que se trata de la copia del viejo estilo priísta. A menos, claro, que en este caso se quieran emplear dos pesas y dos medidas, es decir, lo que está mal en el PRI está bien en el PAN.
Así, pues, en la mejor tradición del viejo PRI, el panista “Locho” Morán se les adelantó a sus demás competidores y dijo que quiere de la de hoy. Que pueda ser candidato ya es otro boleto, pues él mismo aceptó que la selección interna del abanderado del PAN a gobernador del estado será lo más difícil. Por lo pronto, el ex alcalde capitalino está más que apuntado para poder competir en las elecciones del próximo año.
Como ya lo hice notar hace poco en esta columna de culto, el problema de “Locho” Morán es que no tiene una plataforma que lo respalde en sus aspiraciones, como sería la alcaldía capitalina o el cargo de senador de la República que rechazó a lo buey, pues si el vejete cascarrabias de Jesús Dueñas Llerenas lo hizo, con más razón lo hubiera logrado el de La Barata Permanente. ¡Lástima, Margarito!
*Columna publicada el 22 de octubre de 2008.
