POR Jorge Octavio González
Kike Rojas Orozco ha sido diputado local, diputado federal, presidente municipal de Villa de Álvarez y actualmente es dirigente de lo que queda del Revolucionario Institucional en Colima, pero sus declaraciones lo hacen ver como un principiante.
Eso sí: aplicó las malas mañas que ha aprendido en el tricolor para pasar de interino a dirigente formal del PRI en la entidad, sin competencia alguna; los vicios y las malas prácticas sí las aprendió bien en todos estos años.
Rojas Orozco al frente del CDE del PRI en Colima no es más que un cero a la izquierda: no ha podido siquiera liquidar conforme a la ley a los empleados que corrió el septuagenario Arnoldo Ochoa González en plena pandemia, muchos menos llevar un liderazgo que sume simpatizantes a la causa priísta.
A nivel nacional Jorge Romero Herrera ha dicho en reiteradas ocasiones que la mayoría de los panistas ven con malos ojos una alianza con el PRI; en Colima los dirigentes del PRI y del PAN, sin embargo, no podrían repartirse el pastel si no van unidos, pues solos terminarían por desaparecer del mapa político.
Kike Rojas es tan débil que no se ha atrevido a llamarle la atención a la diputada Lizzie Moreno Ceballos por votar contrario a su bancada en el Congreso del Estado; cada que lo cuestionan al respecto evade responder y se sale por la tangente o cambia de tema al instante.
La aplicación de las reglas internas en el PRI es selectiva: si la legisladora vota a favor de una propuesta que viene del gobierno del Estado o de la fracción de MORENA en el Poder Legislativo, dice que cada quien tiene libertad de votar como quiera; sin embargo, si un diputado como Miguel Ángel Galindo hace lo mismo, con asuntos de menor importancia para el oficialismo, es criticado en conferencia de prensa y expulsado del partido.
Que de una vez diga que tiene prohibido hablar de la legisladora por el miedo que le tiene al dueño de los huesos del PRI en Colima.
Julia Jiménez es un caso aparte: desde la dirigencia estatal del PAN pretende hacerse de la candidatura de una eventual alianza del PRIAN a la presidencia municipal de Villa de Álvarez, cuando los números indican que Movimiento de Regeneración Nacional ganaría de calle la elección en el 2027.
Pero además es diputada federal por la vía plurinominal: ella encaja perfectamente en la descripción que hace Pablo Gómez para respaldar la reducción radical de legisladores por la vía de la representación proporcional, en el entendido de que ellos no hacen campaña y las listas de los partidos a nivel nacional imponen a impresentables como el propio Alito Moreno Cárdenas o Marko Cortés, por poner un par de ejemplos.
Julia Jiménez ha sido diputada federal dos veces por la vía plurinominal sin hacer campaña y desde la dirigencia estatal del PAN en Colima; para afianzarse en el cargo pone a sus incondicionales en las carteras más importantes del partido, como su compadre Beto Partido en la secretaría general del CDE albiazul, quien con gritos y manotazos defenderá a capa y espada lo que decida su comadre.
Controlados los partidos más importantes de la oposición en Colima —o lo que aún queda de ellos—, Kike Rojas y Julia Jiménez pretenden sobrevivir políticamente los próximos años, sabedores de que las encuestas no los favorecen en la mayoría de los cargos a disputarse en el 2027.
Todas sus esperanzas las están poniendo en el activo más importante que tienen para la gubernatura del Estado; sin embargo, con sus prácticas y vicios en poco le ayudan para allegarle a más gente que simpatice con su proyecto.
No se diga las alcaldías y el Congreso del Estado: si continúan como hasta ahora, si acaso ganarían una o dos presidencias municipales y unas dos diputaciones de mayoría, si bien les va; lo demás será arrasado por la maquinaria de MORENA, que el próximo año estará aceitada en su máximo nivel para posicionar a sus candidatos y golpear a la oposición para fulminarla.
La oxigenación en las dirigencias estatales del PRI y el PAN le vendría bien a la oposición que tanto hace falta en Colima.
