La tragedia en El Chivato

POR Luis Fernando Moreno Mayoral

Apenas la semana pasada abordábamos el tema del atropellamiento de la joven Yesenia Flores y la implacable búsqueda —a través de las redes sociales— de la mujer que conducía el auto; ahora nos toca narrar otra tragedia que se suscitó la mañana del domingo en una curva de el Chivato, Villa de Álvarez.

Cinco personas, dos hombres y tres mujeres, asistieron a una graduación el sábado por la noche; alrededor de las 8 ó 9 de la mañana los medios reportaron el accidente de un auto, que quedó, literalmente, hechos pedazos.

En el transcurso del día circularon fotos y videos del suceso a través de WhatsApp y Facebook: imágenes del auto totalmente destrozado, de los dos varones que yacían recargados en un árbol, ensangrentados; también una imagen por demás grotesca, donde se aprecia a una de las muchachas muerta en la parte de atrás del vehículo.

En ningún medio de comunicación que publicó las fotos y videos hubo indignación ni reclamos de los amigos de los accidentados por lo que se estaba compartiendo; si acaso había comentarios de gente que, desde su brújula moral, juzgaba fuertemente a los chicos por estar alcoholizados y terminar la fiesta en un suceso trágico.

No fue sino hasta las 7 de la tarde-noche cuando comenzó a circular un video sacado de las redes sociales de una de las muchachas, concretamente de su Instagram, en donde se puede ver la cronología de su festejo desde que estaban en la graduación hasta la mañana siguiente, ya con la luz del día, donde acuden a la leche caliente.

Y ahí comenzó el caos.

Como si se tratara de imágenes de los jóvenes tirados, ensangrentados, los moralistas comenzaron un ataque sistémico contra los medios que subimos el video: para ellos ver cómo disfrutaron sus últimos momentos, alegres y sonrientes, fue peor que las fotos del accidente y el enfoque a la muchacha muerta y a los dos hombres recién sacados del auto, con sangre fresca saliendo de la comisura de los labios.

La mayoría de los que opinaron, ciertamente, fueron muy duros con los jóvenes y, sobre todo, con los padres: la culpa se fue directo hacia la irresponsabilidad de quien venía manejando y a unos padres que, para ellos, no supieron estar a la altura como para inculcarles valores.

El ataque bajo hacia los medios, organizado por un periódico que ha vivido de la extorsión y la demencia de su fundador, también explotador laboral y acosador sexual, concluyó con la captura de pantalla de una conversación privada entre un medio y un sujeto que la filtró para generar más odio.

La crítica se realizó porque una de las mujeres, al parecer, es familiar de uno de los integrantes de ese medio caracterizado por utilizar el periódico para hacer negocios y enriquecer a la extensa familia que tienen.

Pero Carlitos, Huguito y Betito (Betonto, ¡Betonto!) no tienen ni la autoridad ni calidad moral como para cuestionar a otro medio; ellos han vivido como unos júniors y se han aprovechado de la demencia del patriarca para actuar con total impunidad.

Lo que les molesta es que su medio, desde que murió su fundador, no lo leen ni aunque se distribuya gratuitamente; quedaron anclados al pasado, cuando los medios impresos imponían la agenda a los gobiernos, y hoy por hoy sólo dan pena.

El desenlace de los jóvenes, sobre todo los que ya murieron, es lamentable y triste; la publicación de las fotos y los videos donde se ve el auto despedazado y a la muchacha muerta es, en especial, algo grotesco.

Pero el video donde se ve cómo pasaron sus últimas horas, incluso sus últimos minutos antes del accidente, no es para que se ofendan los moralistas ni hipócritas; menos justifica al medio que ha visto a las mujeres como objetos sexuales por toda la claque familiar que sigue utilizado la poca influencia que tienen para vivir como unos patanes.