La mini bancada del PAN en el Congreso del Estado

POR Jorge Octavio González

Contrario a la fracción del PRI, que ya parece aliada del oficialismo, la bancada de Acción Nacional en el Congreso del Estado está empeñada en ser crítica y estridente, aunque sus representantes no sean más que unos improvisados en la política.

Jesús Alberto Partida Valencia, como el machito que es, marginó a su compañera de partido para ser él quien leyera el posicionamiento del PAN en el Informe de Gobierno de Indira Vizcaíno Silva.

El diputado quedó exhibido, sin embargo, como un golpista, clasista, fascista y pendenciero: sólo a alguien tan miserable como él se le ocurrió calificar como dádivas los programas sociales del bienestar del gobierno de la República, cuando más de 32 millones de mexicanos reciben estos apoyos a lo largo y ancho del país.

Y aunque la mandataria estatal lo puso en su lugar y respondió contundente a la sarta de complejos del legislador panista, lo cierto es que la violencia que ejerce en tribuna no es propia de un representante popular que lucha por las causas de la gente.

Su actitud, de un sujeto prepotente y soberbio, en nada le ayuda al proyecto del PAN en Colima: Beto Partida no es más que un burócrata de medio pelo que, por obra y gracia de un fraude orquestado por su comadre Julia Jiménez, tuvo la suerte de ser diputado en la 61 Legislatura.

Medido en unas elecciones, donde dependería del voto para ocupar otro cargo de elección popular, el diputado clasista no lograría ni el voto de su familia sencillamente porque es un impresentable que mediante los gritos y manotazos cree que puede llamar la atención.

Sofía Peralta Ferro está en el mismo camino: aunque no habló en el Informe de Gobierno del martes pasado, sorprendió el tono de su participación en el respaldo a la solicitud de destitución del Fiscal General de Colima.

El discurso que dio en el Congreso del Estado fue, en realidad, estridente; de antemano sabía que la petición no iba a prosperar porque no tienen la mayoría en el Poder Legislativo ni el oficio político para negociar con la mayoría morenista.

Ella a lo suyo: el tono de voz alto, seguido de dramatismo, para que quede claro que no está dispuesta a normalizar la violencia contra las mujeres.

Innecesario: Sofía Peralta nunca ha sido la voz de las mujeres violentadas en el Congreso del Estado; ella ha estado en campaña permanente para ser la candidata de su partido a la presidencia municipal de Villa de Álvarez.

Los negocios familiares en esa demarcación urgen su posicionamiento como candidata para mantenerlos y ampliarlos lo más que se pueda; para ello están disponibles recursos que estarán listos para repartirse entre la sociedad y costosos asesores que sólo saben vender espejitos.

Sofía Peralta no tiene trabajo legislativo ni se le ha visto haciendo alianzas con sectores productivos de Villa de Álvarez; ella está confiada en que su principal promotor la llevará de la mano —como sucedió con la diputación local— a la alcaldía de La Villa sin mayores problemas.

Pero debe entender que no siempre la mano corruptora que la cuida estará ahí para cumplirle sus caprichos; en algún momento tendrá que madurar y ver la realidad tal y como es y no como se la han pintado.

Aplica lo mismo para la otra legisladora que, de la mano del político más deleznable y corrupto que ha tenido Colima, con nexos criminales que salieron a flote tras el atentado que sufrió, pretende ser la presiente municipal de la capital, pese a las múltiples traiciones cometidas a su propio partido.

En Colima la gente está cansada de los caciques que quieren imponer a sus hijos e hijas.