POR Luis Fernando Moreno Mayoral
La marcha del sábado 15 de noviembre, el de la Generación Z, tuvo claroscuros que, sin embargo, dejaron una opinión muy dividida en el país y en Colima.
Mientras en la Ciudad de México se intentó por todos los medios desacreditar la movilización, al punto de afirmar que no había jóvenes, en Colima los grupos de interés, políticos claramente identificados, infiltraron a los marchantes que salieron a las calles.
En el Zócalo capitalino hubo una guerra de narrativas: la del oficialismo, que minimizó la manifestación y dijo que hubo poca asistencia; y la de la oposición, que habló de represión y una asistencia de miles y miles de personas.
En Colima, por el contrario, fue lo mismo de siempre: políticos y activistas se infiltraron en la manifestación y provocaron un caos que los dejó mal parados a todos.
Ahora resulta que la agitadora social, la que no quieren ver ni en pintura en Zacualpan, rechazó la confrontación con la policía y el incendio de la puerta de Palacio de Gobierno; lo que todos sabemos es que fue de las que alentó la violencia y distorsionó el sentido original de la marcha.
¿Qué consignas hubo? ¿Qué propuestas se presentaron? ¿Cuál agenda prevaleció?
Sólo el odio y la violencia: la agenda política de los mismos de siempre.
Mientras la gente agraviada por las políticas de este gobierno no se organice de la manera adecuada y permitan que los políticos y activistas de siempre metan su agenda con calzador, las cosas no saldrán bien.
Con el tiempo, con paciencia y determinación, la sociedad colimense podrá alzar la voz y hacerse escuchar; mientras no se sacudan a los lastres sus marchas no tendrá el eco que quieren ni sus demandas serán atendidas.
Hay temas, por supuesto, que deben ser planteados ante la autoridad; sin embargo, si permiten que los infiltren, que hablen por ellos, no pasarán de algunos videos virales que serán tema de conversación un día y ya.
Es sano, en toda democracia, la participación de la sociedad; entre más se politice la gente más atención del gobierno tendrán.
Los políticos y agitadores sociales deben alejarse de quienes, con todo el derecho del mundo, no ven las cosas bien en sus entidades y quieren salir a las calles a que los escuchen.
