La constante en política*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

Como si se tratara del funcionario más enano de la dependencia más chaparra del gobierno federal, al presidente Felipe Calderón ya se le quemaban las habas por dar a conocer que el asesino de Silverio Cavazos Ceballos, ex gobernador de Colima, era un elemento en activo de la Policía Estatal Preventiva (PEP), “exclusiva” que lanzó antes de que se la fueran a quemar los funcionarios colimenses.

En Colima, por tanto, tuvo que confirmarse la versión (publicada en periódico capitalino El Economista), con todo y que el protagonismo del presidente de la República Mexicana pudo haber puesto en riesgo la investigación en curso que llevan a cabo las autoridades locales correspondientes, pues a Felipe Calderón lo que le interesa es proyectar la imagen de un tipo que se muestra implacable contra el crimen organizado.

Al final de cuentas, el presidente Felipe Calderón, igual que a muchos políticos que pertenecen a su partido (casi todos los asesinados en la lucha a muerte que se libra actualmente contra el crimen organizado, en funciones o que tuvieron a su cargo alguna importante responsabilidad, son  de extracción priísta), lo que les fascina es sacarle raja a temas que están relacionados con la delincuencia; en especial, con los narcos.

Y el caso del ex gobernador Silverio Cavazos era una oportunidad de oro que no iban a desaprovechar ni Felipe Calderón ni ninguno de sus correligionarios, todos con la misma finalidad: sacar ventaja política lucrando con un asesinato que lo mismo pudo haber sido cometido por los narcos, por poderosos contrincantes que se sintieron desplazados de las decisiones de poder y hasta por simples líos de faldas, tomando en consideración que las aguas ya se encuentran bastante turbias.

Así, la constante es el oportunismo político de los que se valen del asesinato de una figura pública para golpear al enemigo. Lo ha hecho el presidente Felipe Calderón, que trata de reposicionar a su partido con miras a los comicios del próximo año, fungiendo como presidente del PAN y no del país, y personajes  locales que arrastran por todo Colima el ataúd con el cadáver de Silverio Cavazos, como el caso del diputado federal Locho Morán Sánchez.

En una típica escena kafkiana, de pronto encontramos que el legislador Locho Morán, que era el más feroz crítico del ex gobernador Silverio Cavazos, es ahora nada menos que su más encarecido defensor, tomando como bandera la exigencia de la aclaración de su asesinato, como si las instancias correspondientes no tuvieran la obligación de hacerlo sin necesidad de que se los ordene el primer oportunista que se les atraviese en el camino.

El caso del panista Locho Morán llama la atención por su peculiaridad: llevaba un buen record en el hándicap político local, hasta que en el 2005 fue derrotado por Silverio Cavazos en la elección extraordinaria de gobernador del estado que se realizó después del extraño “accidente” en el que perdió la vida el tecomense Gustavo Vázquez Montes. A raíz de dicho acontecimiento, el diputado federal mostró síntomas de trastornos emocionales.

En mucha gente se pueden encontrar rasgos de una personalidad controvertida, pero el tema sólo resulta preocupante en los que son –o se dicen— actores políticos  o figuras públicas. El ex alcalde capitalino y actual diputado federal ha dado serias muestras de no carburar bien, por decirlo de la manera más suave posible, a fin de no herir susceptibilidades.

El mejor ejemplo de una personalidad con ciertos trastornos sicológicos los dio el propio Locho Morán cuando, al intentar derribar a la cueviana escultura denominada La figura obscena (conocida popularmente como La perra meona), se aferró a uno de los empleados municipales que había ido a cumplir con las instrucciones, pero que fue detenido por elementos de la policía estatal por actos de vandalismo.

La patética imagen en la que Locho Morán se aferra desesperadamente al trabajador con sublime pasión, ambos tirados en el suelo, le dio la vuelta al mundo entero, poniendo en evidencia lo que en todo México ya era muy conocido: el odio que tienen los panistas contra toda manifestación de arte y, por tanto, la insana incultura de la que hacen gala; pero, sobre todo, mostrando a un tipo con algunos desórdenes de personalidad.

(Por cierto, esa actitud cerril de los blanquiazules ya ha quedado de manifiesto en otras ocasiones en nuestra pequeña entidad. Recuérdese a una ignorante Martha Leticia Sosa Govea, a la sazón presidenta municipal de Manzanillo, que se negó a que en “su” municipio se montara la obra teatral La señora presidenta, pues creyó que se trataba de un ataque en su contra. Obvio: ninguno de los incultos que la rodeaban le pudo aclarar que se trataba de una sátira que ya se presentaba por todo el país mucho antes de que la buena mujer soñara siquiera con llegar a ser algún día alcaldesa de su pueblo).

El zafio Locho Morán, que no sería capaz de escribir coherentemente siquiera un párrafo de los articulejos que dizque publica con su nombre (claro, en el periódico de su amigazo Fernando Moreno Peña), el mismo que perdió frente a Silverio Cavazos en el 2005, buscará en el 2012 un nuevo cargo de elección popular con el cuerpo del ex gobernador a cuestas, con el pretexto de la exigencia de que se aclare su asesinato, pero también con el inquisitorial ánimo de juzgarlo y condenarlo desde el más acá al que ya se encuentra en el más allá.

A propósito de Locho Morán (la computadora insiste en corregir: es Loco, no Locho, y ahí sí que ya no existen argumentos para contradecirla), éste se ufana de no tener ligas con los narcos, pero insiste en la perversidad de acusar a Mario Anguiano Moreno, aun cuando el hoy gobernador en su oportunidad solicitó a la PGR que informara al respecto, cosa que hizo esa instancia al exonerarlo de cualquier acusación habida en su contra.

La estrategia de Loco Morán no es al azar: lanza la piedra para sacarle raja política al tema de la delincuencia organizada, pero se olvida que se le puede  revertir, pues lo que hace no es garantía de triunfo asegurado. En todo caso, Mario Anguiano ya es el gobernador de Colima, pese a los infundios en su contra, en tanto que el diputado federal sólo se ha quedado en el intento.

Y tal y como están las cosas, de ahí no pasará: Locho Morán se quedará en el intento de querer ser gobernador del estado.

*Columna publicada el 2 de diciembre de 2010.