POR Jorge Octavio González
En política, cuando no se tiene una respuesta inteligente a los cuestionamientos, lo mejor es quedarse callado.
Pero eso no lo entendió la diputada Yommira Carrillo Barreto, la legisladora que, con todo el cinismo del mundo, se burló de sus compañeros de Legislatura y de la sociedad en general al decir que “ya mero somos como Venezuela”.
Después de la avalancha de críticas, unas con ingenio y otras con demasiada indignación, la diputada salió a responder como sólo ella sabe: burlándose de la gente, riéndose de los comentarios y dejando entrever que todo lo que le digan le valía un comino.
“Estoy convencida de que no tengo porqué defenderme de algo que no hice”, inició su lastimera respuesta. Y claro: ella no hizo nada; ella sólo hizo afirmaciones que hicieron enojar a la gente que se sintió ofendida por la forma en que los funcionarios del oficialismo actúan, como si supieran que nunca van a rendir cuentas de sus actos.
Yommira Carrillo utilizó las acciones afirmativas para ser candidata por segunda ocasión a la diputación local en la elección del 2024; el partido guinda la registró como parte de la comunidad LGBTQ+, esto es, como parte de las cuotas que las autoridades electorales fijaron para que las minorías ocuparan espacios en la política.
Al margen de que nunca se ha visto que la legisladora apoye a la comunidad o presente iniciativas a favor de sus derechos, Carrillo Barreto pudo acceder a la 61 Legislatura gracias a las trampas que hicieron los partidos para acomodar a candidatos como parte de población vulnerable, como lo hizo Julia Jiménez con su compadre Beto Partida, al que también inscribió como diputado plurinominal como parte de la comunidad LGBTQ+.
En ese aspecto todos son iguales: cínicos ambiciosos de poder.
“Me responsabilizo de mis palabras, mas no de lo que entiendan”, es otra parte de lo que respondió la diputada ante los cuestionamientos en su contra. Pero aquí no se trata de lo que entendieron los medios sino de lo que ella textualmente dijo: “ya mero somos como Venezuela”.
Al final escribió: “Prefiero las críticas gratuitas que las alabanzas pagadas”.
La reacción de la sociedad, al margen de sus ideologías, fue unánime: críticas mordaces a los dichos de una diputada que se siente que nadie la merece, que cree que es una gran polemista en tribuna —no lo es— y que está segura que formar parte del régimen gobernante le da derecho a burlarse de la gente y actuar con soberbia y cinismo.
En ningún lado vi alabanzas hacia las desafortunadas palabras de Yommira Carrillo Barreto; fue todo lo contrario, desde luego.
Pero así viven la mayoría de mujeres y hombres que llegaron al poder con la marca MORENA: llenos de soberbia, cegados, sin empatía y, sobre todo, sin poder de autocrítica y de humildad para reconocer que cometen errores y que requieren hacer equipo con fuerzas políticas distintas para tener más legitimidad.
Mientras haya diputados o diputadas como Yommira Carrillo no habrá disposición de la oposición para mantener un diálogo de respeto y la cordialidad que se necesita para llegar a acuerdos que beneficien a los colimenses.
Yommira Carrillo está segura de que no cometió ningún error y que no tiene por qué disculparse; ella en realidad vive en un universo alterno en donde todo lo que diga y como lo diga no importa, al cabo los millones de votos que recibieron les da el derecho para actuar como se les pegue la gana.
