POR Luis Fernando Moreno Mayoral
Fernanda Salazar, así como Crispín Guerra Cárdenas y Carlos Antonio Cárdenas Roque, todos ellos perdedores en las pasadas elecciones del 2 de junio, se reunieron con Riult Rivera para ver la posibilidad de que les dieran refugio en el ayuntamiento de Colima.
Como la mayoría de los cargos de primer nivel estaban comprometidos por Mario Anguiano Moreno y los dirigentes de los partidos que conformaron la alianza, a los tres les dijo que lo esperaran al próximo año.
Carlos Roque, al parecer, volvió a traicionar a quienes le dieron la mano y ya se ve en un cargo en otro lado; el problema es que se lleva demasiada información de todas las irregularidades que realizaron en campaña y puede hacer un intercambio de favores.
A Crispín Guerra Cárdenas, por el contrario, es muy probable que sí le den algún puesto en la administración municipal; el ex diputado es disciplinado y no tiene problema alguno en esperar unos días más para volver a estar enchufado del presupuesto.
¿Y Fernando Salazar?
El escándalo en que se vio envuelta esta semana, en donde fue exhibida por abandonar una perra que le dieron en adopción, generó indignación entre los activistas y defensores de los animales; tan se salió de control la situación que la propia ex legisladora panista tuvo que admitir su error y aprovechó para denunciar una campaña de odio y la utilización de todo el aparato del Estado en su contra para desprestigiarla.
Es una mentira, desde luego, que las críticas en su contra hayan sido por cuestiones políticas; todo se derivó de su irresponsabilidad en el cuidado de un animal que se le confió y, por las razones que sean, perdió o regaló a otra persona.
Los administradores del Albergue Sara Amor Canino, desde sus redes sociales, estuvieron pidiendo ayuda a la gente para localizar a la perra, algo que, argumentaron, no estaba haciendo Fernanda Salazar, que sólo utilizó a la canina para su fallida campaña por la reelección.
La perra Clarita, finalmente, apareció, y los administradores del albergue le dieron a la panista una última exhibida: dijeron que el animal no se localizó donde ella dijo que se perdió y, sobre todo, resulta que la perra estaba golpeada y desorientada, como si se hubiera caído de una camioneta en movimiento.
Cierto es que, después de dar a conocer su caso ante la opinión pública, Fernanda Salazar recibió cuestionamientos demasiado duros, algunos rayando en el discurso de odio; sin embargo, eso no lo generó ni un partido ni gobierno alguno sino la misma sociedad que, indignada por la utilización de un animal por un político, descargó toda su furia en contra de una persona que aspira a ser funcionaria en el ayuntamiento de Colima a principios del 2025.
La pregunta es si Riult Rivera, después de asumirse como defensor de los animales, le dará un cargo a la panista tras ser sumamente cuestionada por abandonar una perrita.