Enfrentamiento de película en Coquimatlán. ¿Y el alcalde?

POR Luis Fernando Moreno Mayoral

El pasado viernes, muy temprano, dos policías estatales —un hombre y una mujer— fueron víctimas de la delincuencia organizada: uno perdió la vida y la otra quedó herida.

La persecución quedó documentada en los múltiples videos que circularon en redes sociales: miembros del crimen organizado ya tenían estudiados los movimientos de los agentes del orden y llevaron a cabo una persecución de película para abatirlos.

Fueron kilómetros los que los policías, solos en la adversidad, recorrieron en su vehículo para salvar sus vidas; en algún punto llegaron refuerzos y los sicarios decidieron huir para no ser detenidos.

En Coquimatlán, demarcación que gobierna el imberbe Luis Gerardo García Olivares, no hubo ni un solo policía de la corporación municipal que respaldara a los estatales; sencillamente brillaron por su ausencia mientras un hombre perdía la vida y una mujer era herida de bala.

En la refriega, en tanto escapaban los delincuentes, dejaron un vehículo incendiado rumbo a El Chical, como parte del ridículo en que quedaron las fuerzas del orden coquimatlense ese viernes negro para dos compañeros policías.

La reacción, sin embargo, no se hizo esperar: el súper Harfuch de Colima, Fabián Gómez Calcáneo, hizo acto de presencia ante los medios de comunicación y fue claro y contundente al afirmar que estaban en una persecución contra los criminales, para lo cual estaban echando mano incluso de helicópteros para su localización.

Con la adrenalina a tope, como para que no fuera solo una declaración más, el secretario de Seguridad Púbica de Colima detuvo el camino hacia su camioneta, giró el cuerpo y lanzó la amenaza más simbólica a los delincuentes que habían asesinado a uno de los suyos y herido a otra más:

—Vamos a rajarles la madre —espetó Fabián Gómez, para a continuación subirse a su vehículo y retomar el operativo para la localización de los criminales.

La frase, coloquial se puede decir, asustó a más de uno que, ciertamente, le dio más peso a las palabras que a los hechos sucedidos: son los mismos que piden resultados, acciones inmediatas, pero prefieren cuestionar la forma y no el fondo.

La estrategia, más frontal y combativa, podrá no gustar a unos; sin embargo, es la misma que se está aplicando a nivel federal, como la que resultó en el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes en Tapalpa hace dos domingos.

Como en Coquimatlán la policía del fiestero de lentejuelas García Olivares no sirve para maldita la cosa, los criminales pudieron huir; antes se pasearon por todo el municipio con armas de grueso calibre sin que nadie los molestara.

Fue así como lograron emboscar a los policías estatales que, sorprendidos en la balacera, no tuvieron otra opción más que repeler el ataque mientras intentaban escapar del lugar; lamentablemente uno perdió la vida en cumplimiento de su deber y la otra salvó la vida, aunque con heridas diversas en su cuerpo.

Qué tan podrida está la corporación policiaca de Coquimatlán que criminales pueden estar a sus anchas en el pueblo con armas y llevan a cabo una persecución contra dos policías estatales.

Al parecer Luis Gerardo García Olivares no lo sabe: él prefiere alcoholizarse en los antros de mala muerte de Coqui.