POR Bibiano Moreno Montes de Oca
La fusión de un buen argumento (Todd Phillips en coautoría con Scott Silver), un buen director (Todd Phillips) y un excelente histrión (Joaquín Phoenix) dio como resultado una obra maestra cinematográfica que no se había visto en buen tiempo en el cine hollywoodense, si bien es cierto que se trata de un proyecto independiente: Guasón (Joker), un título al que nos acostumbramos a escuchar los latinoamericanos cuando el actor César Romero lo interpretaba para la cursilona serie de televisión en la década de los 60 del siglo pasado.
A diferencia de otras historias en las que la acción se centra en el icónico héroe alado, aquí todo gira en torno del villano que es su antítesis, aunque sugiere que son medios hermanos. De igual manera, si en el pasado conocimos los traumas y todo lo que tuvo que hacer Bruce Wayne (Batman) para surgir como el salvador atípico de la mítica Ciudad Gótica, ahora conocemos a la perfección el origen del más importante de los enemigos de Batman, que no es otro que Arthur Fleck, alias El Guasón.
El tipo arrastra por su miserable vida un trastorno que hace que comience a reír histéricamente cuando en realidad está nervioso o se encuentra en estado de ansiedad. Podría creerse que es herencia de su madre, pues también estuvo internada en un siquiátrico, pero resulta que había sido adoptado y, por tanto, se desconoce el verdadero origen de sus padres. No obstante, la enferma madre contribuye con fe para que su hijo adoptivo crezca con diversos traumas originados por una infancia llena de abusos, maltratos y violencia.
Eso sí, como en el gobierno de la inservible 4T de nuestro México actual, la madre considera que su hijo “es feliz”, así como el pueblo mexicano “es feliz, feliz, feliz”, según la retorcida óptica del sujeto que lo proclama en la esquizofrenia en la que está envuelto (esto último dicho por profesionales de la siquiatría), cuyo nombre es Andrés Manuel López Obrador.
Por supuesto, todo ese maltrato al personaje un día detona ya en su adultez, cuando El Guasón trabaja para una mísera empresa que alquila payasos para toda ocasión, al obtener (sin buscarlo) una pistola con la que comete sus primeros tres asesinatos en una estación del metro de Ciudad Gótica (en realidad, no son tantos los que realiza en su primera aparición: sólo otros tres más, que incluyen a su madre, el colega dueño del arma y el comediante que sólo lo invitó a su programa de TV para burlarse de él).
Vistas tranquilamente las cosas, Guasón es una obra maestra del cine con una mezcla entre el thriller, el drama y la tragicomedia elevada a nivel shakespereano. Uno no justifica a un asesino sicópata como el que interpreta magistralmente el actorazo que es Joaquín Phoenix, pero hay que entenderlo: creció en un mundo injusto que tiene desprecio por los pobres, como resulta en la vida real. Aunque hay que hacer notar que El Guasón es un personaje de ficción, no real.
Al acudir a su terapeuta, nos enteramos que El Guasón es atendido en un programa de asistencia social, donde le dan sus medicamentos en forma gratuita para controlar sus problemas de personalidad. Pero cuando el programa es cancelado por el gobierno neoliberal gringo de Ciudad Gótica, la terapeuta le dice a su paciente, refiriéndose a esa maniobra oficial: “Tú les importas una mierda. Yo les importo una mierda”. Y podríamos agregar, siguiendo en el ámbito nacional actual, que los programas sociales y de salud al tabasqueño amlo también le importan una mierda.
(A pesar de haber jodido a las guarderías, supuestamente porque había corrupción; de joder a las clínicas y hospitales del gobierno federal, a las que les redujo la entrega de medicamentos porque había corrupción; de quitarle apoyos sociales a practicantes que aspiran a ser médicos y enfermeras porque había corrupción; de haber castigado a deportistas de alto rendimiento porque había corrupción; de haber clausurado la oportunidad para productores, empresarios y otros sectores de la sociedad porque había corrupción, ahora también amlo ha jodido a los discapacitados y a los enfermos en fase terminal).
Es posible que la genialidad de la película de Todd Phillips se deba a la intervención (aunque después se haya retirado del proyecto) del cineasta ítalo americano Martín Scorsese, autor de obras de la talla de Taxi Driver, Casino y Buenos muchachos, entre otros filmes de culto. Por ello no extraña que existan ciertos rasgos de Arthur Fleck (el nombre de El Guasón) con el del personaje que interpreta Robert De Niro en Taxi Driver, aunque también hay cierta referencia al filme El maquinista, donde Christian Bale aparece con un cuerpo esquelético.
En la misma línea hay referencias a El rey de la comedia, del mismo Martín Scorsese, donde Robert De Niro hace el papel del comediante que nunca pudo ser El Guasón, que era su sueño original. Por esa razón es que no nos extraña que Robert De Niro vuelva a interpretar a un famoso comediante de TV que hace repentinamente famoso a Arthur Fleck y hasta lo invite a su programa para darle una oportunidad de que se luzca con algún chiste, si bien es cierto que, en el fondo, lo que quiere es burlarse de él nuevamente.
Ni tiempo tendría para arrepentirse, pues el asesinato en vivo y en directo, frente a las cámaras de TV y con miles y miles de testigos, es la mecha que enciende a Ciudad Gótica, una metrópolis literalmente plagada de ratas (de dos y de cuatro patas) que se convierte en un caos, donde justo ocurre el asesinato de los padres del jovencito Bruce Wayne, que con el tiempo se convertirá en Batman y acabará con su más sádico y brutal enemigo. Así, el futuro alcalde de la urbe en la que viven todos los personajes ve interrumpida su misión de poder salvar a los pobres.
La cinta Guasón es una obra maestra, he dicho y lo sostengo; sin embargo, hay algunas escenas que resultan antológicas por haber logrado la genialidad. De hecho, sin llegar a la grandeza de la que interpreta en Gladiador, donde el personaje de Joaquín Phoenix mata a su viejo padre por no heredarle el reino a él, sino a un general. La genialidad de la escena de Gladiador estriba en que, mientras ahorca al anciano, el hijo, con rostro inexpresivo, llora amargamente. En Guasón, igualmente, Arthur Fleck asfixia en el hospital a su madre con una frialdad espeluznante. De alguna manera el histrión cierra el ciclo al asesinar a sus padres, aunque en distintas épocas.
La otra escena genial, sublime por su inspiración, es cuando El Guasón, ya liberado de sus traumas que lo acomplejan, baila en las interminables escaleras al ritmo de la imponente Rock and Roll Parte Dos, de Gary Glitter, la que de inmediato fue relanzada a la fama mundial. Por lo que se refiere a México, el payaso Cepillín (nunca en un mejor papel) también aparece ejecutando esa misma rola en un video muy difundido en las redes sociales.
Así pasa cuando una verdadera obra de arte, sin un presupuesto multimillonario y sin costosos efectos especiales, lo es por méritos propios. Salve, Guasón, los que van a morir te saludan.
*Columna publicada el 27 de octubre de 2019.
