El Nuevo Puerto Manzanillo, en la Laguna de Cuyutlán, va

POR Jorge Octavio González

El desarrollo portuario de Manzanillo, además de la derrama económica y la calidad de vida que representa, viene acompañado de protestas y oposición de grupos de interés y políticos que no aceptan que el gobierno en turno haga modificaciones a reservas y lagos que explotan para sus propios intereses.

La pausa momentánea en el proyecto del Nuevo Puerto Manzanillo, en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán, no se debió a activistas ni a políticos que se quisieron colgar la medalla de haber salvado el ecosistema, la producción de sal y la calidad del agua.

Fue la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) quien puso pausa a la construcción por fallas en el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) que, curiosamente, era responsabilidad de la Administración del Sistema Portuario Nacional de Manzanillo.

La ASIPONA, en este sentido, ni siquiera pudo hacer bien la única cosa que le correspondía; de ahí que la dependencia federal, después de analizar la MIA, hiciera más de 80 observaciones ambientales que, definitivamente, hacían inviable que se continuara con las obras en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán.

Pese a que el gobierno federal y el estatal apoyan la obra Nuevo Puerto Manzanillo, resulta de pena ajena que la SEMARNAT sea quien pare los trabajos porque en la ASIPONA no tuvieron la capacidad de hacer un Manifiesto de Impacto Ambiental que cubriera todos los requisitos para justificar la obra.

La pausa en el proyecto, aunque momentánea, dio pie a que los activistas y los políticos que se opusieron a la ampliación del puerto presumieran ante los medios que comunicación que siempre tuvieron la razón.

Y no fue así: los errores que originaron la pausa en las obras se debió a una falla de la Administración del Sistema Portuario Nacional de Manzanillo; sin embargo, tienen la oportunidad de enmendar su error y realizar otro MIA que esté a la altura de las circunstancias y pueda continuar la ampliación del Nuevo Puerto Manzanillo en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán.

Si bien los grupos de pescadores, salineros y ambientalistas tienen todo el derecho de manifestarse y oponerse a la obra porque ahí tienen su lugar de trabajo, lo cierto es que las condiciones están dadas para una ampliación que beneficie a todos los sectores económicos y sociales de Manzanillo.

Lo que deberían hacer es deslindarse de los políticos que, como Martha Zepeda del Toro, se montaron en la protesta legítima para sacar raja política: ni a ella ni a su jefa ni a su partido les interesa el medio ambiente ni nada por el estilo; ellos sólo quieren ver cómo hacerse notar ante la opinión pública para crecer en números con miras en las próximas elecciones.

El proyecto Nuevo Puerto Manzanillo en el Vaso II de la Laguna de Cuyutlán debe continuar con un Manifiesto de Impacto Ambiental bien articulado que justifique la obra; la generación de empleos y la derrama económica serán para el beneficio de todos, al final de cuentas.

No hay que tenerle miedo al desarrollo.