POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Un acontecimiento excepcional ocurrido en la infancia puede ser fundamental para marcar la vida de cualquier persona. Una violación, por supuesto, es algo que traspasa las barreras del tiempo, de tal suerte que un hombre puede modificar su vida por completo a partir de tal evento violento y humillante.
El caso del detective Lloyd Hopkins es muy significativo: casi de la misma edad que a su némesis fue violado por un hombre del que nadie hubiera sospechado nada.
A partir de ese momento, tras contarle a su madre lo sucedido, la vida del entonces menor de edad da un giro: ya adulto se convierte en un policía que se dedicará a proteger a los demás, sobre todo a las mujeres por las que siente una especial debilidad por su fragilidad que las convierte en víctimas propiciatorias.
La némesis del detective Lloyd Hopkins es un sádico y brutal asesino en serie al que mediáticamente se conoce como El carnicero de Hollywood (en ese suburbio angelino es donde opera cada determinado tiempo), pero al que el policía identifica como El poeta por su afición a escribir poemas sobre las víctimas a las que asesina de manera sanguinaria, todas ellas mujeres por las que siente una extraña fijación.
La novela Sangre en la luna es la primera exitosa historia policíaca que más tarde sería una trilogía en la que su protagonista es el rudo y medio alocado sargento de policía Lloyd Hopkins.
Las dos siguientes novelas son A causa de la noche (donde un sádico sicoanalista manipula a sus pacientes) y La colina de los suicidios (la policía va tras los ladrones de bancos que actúan con lujo de violencia): las tres tienen en común que basan sus títulos en las letras de canciones gringas de las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado.
Algo más: cada una de las historias se pueden leer de manera independiente sin mayor problema, pues no son continuación una de la otra o cosa parecida.
En la primera novela que es el arranque de la trilogía uno conoce a fondo al personaje central surgido de la mente del escritor de culto James Ellroy (que también tiene en su haber L.Á. Confidential y La dalia negra), es decir, nos enteramos por qué decide ingresar a la policía.
Al mismo tiempo, la violación de que es objeto lo marca para siempre, de la misma forma que ocurre con El poeta, el asesino en serie en ciernes, que también es víctima de dos de sus compañeros de escuela en la norteamericana ciudad de Los Ángeles.
Al interiorizarnos en Sangre en la luna nos damos cuenta de la excelente mancuerna que logran hacer el detective Lloyd Hopkins y su mentor Peltz al que apodan El holandés. El primero pone su genio deductivo y el segundo aporta los conocimientos del policía experimentado.
Así, ambos logran esclarecer algunos casos, manteniéndose a salvo de las endémicas corruptelas de que son víctimas todas las corporaciones policiacas de la ciudad de Los Ángeles.
Sin embargo, la prueba de fuego del detective Lloyd Hopkins será su enfrentamiento con El poeta, secreto admirador de la fallida escritora Kathleen desde los tiempos en que ambos estaban en la preparatoria, donde ella tenía su grupo de seguidoras y él era un brillante adolescente a cargo de la publicación estudiantil de la escuela.
Ambos eran escritores en ciernes en su juventud, pero en él se incuba la maldad que explota con los asesinatos de una veintena de mujeres a las que el sicópata supone que traicionaron a su guía y líder que tuvieron en la preparatoria.
En medio de ambos emerge la figura del detective, quien al principio no tiene ni idea de que el asesino está más cerca de lo que se imagina y que representa una amenaza mortal para su amada Kathleen.
Ella sospecha que Lloyd Hopkins es el eterno admirador que durante 18 años le ha enviado flores (salvo la primera vez, que fue un poema escrito con sangre), aunque en realidad son las veces que El poeta asesinó de la manera más brutal posible a mujeres que la seguían a ella en la preparatoria.
Como ya ha sido tradición en James Ellroy, la corrupción de los cuerpos policíacos angelinos es expuesta en toda su magnitud, aunque con una agravante más: uno de los jefes de la corporación es miembro de una secta cristiana que, como tal, actúa de manera fanática, es decir, sin poner mucho razonamiento de su parte.
Es curioso que el autor haga esa observación, pues Lloyd Hopkins, descendiente de irlandeses, es protestante (la otra parte de Irlanda es católica), pero en ningún momento antepone su religión a su trabajo que desempeña muy bien.
Como en todo cuerpo policíaco o centro de trabajo en general, el ambiente en el que se desenvuelve el detective Lloyd Hopkins está lleno de envidias, de traiciones, de corrupción, de intrigas; en fin, algo que no le es ajeno al género humano, aunque también destacan los valores de la lealtad, la amistad y la honradez: donde alguien que podría enriquecerse no lo hace para no tener que zambullirse entre la mierda y terminar igual que lo que combate, es decir, drogadicto, ladrón, violador, pederasta, asesino, etcétera.
La novela Sangre en la luna es un digno inicio de una trilogía con la presencia del detective Lloyd Hopkins. Por supuesto, son tres novelas creadas de manera eficaz por un autor de culto como James Ellroy, al que desde este espacio recomiendo ampliamente.
*Columna publicada el 19 de noviembre de 2016.
