Efectos de la violencia*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

El baño de sangre al que Felipe Calderón tiene  sometido al país desde hace cuatro años no tiene visos de solución a corto plazo; será, pues, en el siguiente sexenio cuando se encuentre una salida a un problema que, en efecto, no comenzó durante la trágica decena de gobiernos de la era panista, pero sí se sobredimensionó durante lo que va del actual calderonato que padecemos.

En el ánimo de la población está en que la violencia actual terminará con el cambio de presidente; sin embargo, la perversidad de Felipe Calderón es del tamaño del mundo: en su afán de darle continuidad por un sexenio más a las matazones que tienen lugar a todo lo largo y ancho de la República Mexicana, con el pretexto del combate al narco, el presidente blanquiazul es capaz de aliarse hasta con el mismísimo diablo.

En la capital del país circula ampliamente la hipótesis que comienza a tomar cuerpo, en el sentido de que Felipe Calderón podría armar una alianza con el higadazo Marcelo Ebrard Casaubón, jefe de Gobierno del Distrito Federal, que encabeza una importante corriente dentro del PRD, todo con el fin de impedir el inminente regreso del PRI a Los Pinos en las elecciones del 2012, con un Enrique Peña Nieto (el Brad Pitt de la política mexicana) imparable.

Se sabe que el presidente, tal vez en uno de esos momentos en que el alcohol que consume en la sobremesa le afloja la lengua de más, ha dicho que él no será “el Zedillo del 2012”, en alusión al último presidente priísta mexicano que entregó el poder al PAN en el 2000, partido con el que el país inauguró una nueva etapa (primero, de frivolidad y banalidad; después, de terror y zozobra) con el siglo y el milenio por delante.

Pero si Ernesto Zedillo Ponce de León, un burócrata perverso que despreciaba al PRI y al que no sentía suyo (aunque lo manejó a su arbitrio, colocando a sus dirigentes a razón de casi uno por año), no tuvo el menor reparo en entregarle el poder al PAN sin siquiera rechistar tantito, Felipe Calderón no es de la misma opinión, es decir, la de cederle el control a los tricolores; sobre todo, sin siquiera haber hecho todo lo que esté a su alcance para impedirlo.

Por esa razón, el presidente no descarta la descabellada idea de ir en alianza en el 2012 con el PRD (no se debe olvidar que, en estos momentos, él es el dueño del PAN); más concretamente, con el higadazo Marcelo Ebrard, ex priísta y hoy neo perredista. Así, todo eso de que Felipe Calderón no era otra cosa que un “espurio” y un “ilegítimo”, como no se cansaron los negro amarillo de motejarlo, de pronto sufrió una metamorfosis que lo convierte, de golpe y porrazo, en el guía que estaban esperando las tribus perdidas.

De manera que con el fin de no dejar que el PRI retome el poder perdido una década atrás, Felipe Calderón y el PRD del higadazo Marcelo Ebrard están dispuestos a jugársela. ¿A jugársela por México? No, hombre: a jugársela por sus intereses. Así, pues, “espurios” y “legítimos” podrían ir de nuevo juntos en la campaña presidencial, todo ello con el firme propósito de cerrarle el paso a Peña Nieto (el Brad Pitt de la política mexicana).

Y mientras Felipe Calderón teje sus alianzas, donde también estaría incluida una  candidatura ciudadana (lo que resulta una bofetada en pleno rostro de los panistas que creen tener los tamaños suficientes de aspirar a la candidatura presidencial, como el hombrecito Santiago Creel Miranda), el país se desangra en la inútil  lucha contra el narcotráfico, donde no hay de otra que matar o morir por un ideal de lo más absurdo.

Esos efectos de la violencia se manifiestan ya con la brutal noticia de la existencia de un adolescente, prácticamente un niño, que a sus cortos 14 años de edad es nada menos que un despiadado sicario que lleva en su haber al menos cuatro asesinatos a sangre fría. A tan temprana edad, el joven apodado El ponchis ya tiene cuatro muescas en el arma que utiliza en su oficio, las que representan las  vidas humanas que segó alguien que apenas debiera estar en la secundaria y no haciéndole la competencia a Henry Lee Lucas.

Tristeza, horror, angustia, son algunos de los sentimientos entrecruzados que causa saber que un muchacho, apenas de la edad de alguno de nuestros hijos, ya es un matón profesional que no le pide nada a cualquier asesino serial que ande por ahí, en la ficción o en la realidad. Es terrible saber que la sociedad en la que vivimos ha sido capaz de crear semejantes monstruos de los que todos tenemos una buena parte de culpa.

Pero todos los Ponchis de este país pudieron haberse evitado si el fascista gobierno de Felipe Calderón se hubiera dedicado a invertir en más educación y en la creación de nuevos empleos, como fueron sus hoy olvidadas promesas de campaña. Porque si El ponchis hubiera tenido una oportunidad de estudiar en un hogar con ciertas posibilidades de salir adelante (es decir, con padres con empleo que le dieran alguna certeza), no sería el fenómeno en el que se convirtió por culpa de la pinche hambre y la necesidad.

No obstante, los nuevos Ponchis seguirán saliendo de sus guaridas para llevar a cabo su espeluznante actividad en la medida en que el gobierno de Felipe Calderón siga con su declarada guerra a muerte contra los narcos, para lo cual se destinará (como se hace desde el arranque del calderonato) la mayor parte del presupuesto federal en armar y equipar a los cuerpos policiacos, dinero que podría destinarse mejor en programas sociales que apoyen a las familias necesitadas que tienen en su seno a un Ponchis en ciernes.

Por otro lado, la violencia parece no tener fin: por un lado, se ataca en Michoacán a integrantes de la agrupación criminal denominada La familia; por el otro, como respuesta a los cuerpos policiacos que presuntamente eliminaron a su principal jefe, apodado El chayo, en un poblado de Jalisco se atenta contra los fieles de la Virgen de Guadalupe, dejando un saldo de 13 muertos y una veintena de heridos. Y más lo que se acumulen en lo que resta del calderonato.

O sea que así seguiremos hasta que Felipe Calderón deje el poder dentro de dos años, si no es que antes logra su propósito de prolongarse más allá de su infausto sexenio por conducto del higadazo Marcelo Ebrard, quien no sólo se encargaría de cuidarle las espaldas al michoacano, sino que también le daría continuidad a la ola de violencia que azota a todo el país, con su cauda de muertos y daños colaterales regados por todas partes.

*Columna publicada el 13 de diciembre de 2010.