POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Suena muy mal que se amenace a un escritor por la publicación de una obra, pero resulta mucho peor que se “denuncie” el hecho sólo para tratar de levantar las ventas de un producto que apenas se va a lanzar al mercado, como parece ser el caso de un libro titulado Nación TV, cuyo autor es Fabrizio Mejía Madrid.
La denuncia del tipo resulta inverosímil: relata que recibió una llamada de alguien que se dijo elemento de la Procuraduría General de la República (PGR), quien telefónicamente le habría advertido que “tuviera cuidado con Nación TV”, a lo que Mejía Madrid, muy machito, respondió: “No, tenlo tú”.
Por supuesto, condeno totalmente cualquier amenaza contra un periodista o un escritor, venga de donde sea, pues las ideas deben ser combatidas con ideas, no con amenazas; sin embargo, parece que todo esto se trata más bien de un burdo truco publicitario para hacerle promoción a un libro con un destino incierto, aun cuando sea el enésimo ensayo que se publica contra Televisa (lo que, al margen de cualquier discusión, es bienvenido)
Pero vayamos a los hechos. Para comenzar, la identificación que da el supuesto elemento de la PGR resulta absurda: no le consta al escritor que eso sea cierto, es decir, pudo haber sido cualquier otro individuo que le quiso jugar una broma. Además, hasta donde se sabe, la PGR no está al servicio de Televisa; de ser así, por lo menos que avisen las huestes que están bajo las órdenes de Jesús Murillo Karam, para saber a qué atenernos.
Lo más interesante del asunto es cuando Mejía Madrid, como todo un gladiador, se apresura a descartar que vaya a buscar protección o escoltas, tras la “advertencia” recibida; más aún, que ni siquiera cambiará el lugar de la presentación del libro, programada para el 28 del presente mes, donde estará acompañado de Carmen Aristegui, Epigmenio Ibarra y Jenaro Villamil.
Pese a los invitados (Jenaro Villamil tiene el triste papel de ser experto en colgarse de la popularidad de otros), a Mejía Madrid parece no ver con malos ojos un escandalito extra para su libro. Pero la escena que pretende montar con lo de la “amenaza” recibida me resulta bastante chafa.
Más preocupación causa, en cambio, la energúmena de la ciudad de Saltillo, rápidamente bautizada como Lady La Fragua, que se lanzó en contra de César Alejandro Reyes, ¡vendedor de libros infantiles!, por la terrible “afrenta” de haberse estacionado cerca de la cochera de la esposa de un individuo que trabaja en una oficina ¡de prevención del delito! (Debió haberse prevenido antes de casarse con esa fiera).
Lo de Mejía Madrid suena a simple truco publicitario; lo de César Alejandro Reyes es una agresión real. He ahí la gran diferencia.
*Columna publicada el 15 de junio de 2013.
