POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Una de las mujeres más bellas del mundo y de cualquier época de la historia es, sin discusión, la actriz norteamericana Marilyn Monroe. Tal vez sólo comparada en hermosura a la Helena de Troya que provocó una guerra, las dos beldades tuvieron algo en común: su cercanía con hombres poderosos de sus respectivos tiempos. Hoy añadiría otras hermosas a la altura del par mencionado; por ejemplo, Scarlett Johansson y Neve Campblell, que incluso se parecen un poco.
Es sobre eso precisamente sobre lo que gira la trama de la novela Con M de Marilyn del mexicano Rafael Ramírez Heredia, que un poco a la Truman Capote en un cuento magistral que escribió sobre la diva inmortal, recrea los días que ésta vivió en la capital mexicana. Y si bien el connacional no está a la altura de su colega gringo, al menos saca la casta con una interesante historia de espionaje ocurrida realmente en México.
Cuando la hermosa actriz gringa llegó a México por algunas semanas vivía uno de sus peores momentos: tanto así, que sólo duró algunos meses más antes de morir “misteriosamente” en la tina del baño de su residencia en la ciudad de Los Ángeles. La bella mujer era objeto de espionaje de parte de la CIA y del FBI, de manera que ya en nuestro país continuó la actividad, para lo cual se echó mano aquí de algunos periodistas “aliados”.
Casi hasta la mitad del libro aparece la voluptuosa figura de Marilyn, pero desde el principio su presencia es omnisciente. En México cuenta con un admirador que tiene la suerte de convertirse en su amante durante el tiempo que ella permanece en el país: se trata de José Baños, un director de cine que se dedica a distribuir droga entre la gente del medio artístico al que él mismo pertenece, y que tiene la obsesión de dirigir una película basada en una prostituta llamada Satín.
Son los tiempos del director de cine mexicano Emilio el Indio Fernández, del actor español Armando Calvo y otros personajes reales, entre los que el personaje de ficción (José Baños) se mezcla como pez en el agua, si bien muchos de los hechos son verídicos. De acuerdo a la trama del mexicano Ramírez Heredia, la CIA y el FBI acosaban a la Marilyn ante la posibilidad de que a ella se le fueran a salir algunos secretos que le fueron contados en la intimidad por el entonces presidente de Estados Unidos, el playboy John F. Kennedy, que la tenía como su amante.
La estancia en México de la preciosa Marilyn suponía un breve receso del atosigamiento de que era objeto de la CIA y del FBI. Así, su objetivo era el de olvidarse de lo siguiente: “la entremezcla de los hermanos Kennedy, el acoso de Giancana para que Marilyn contara lo que el presidente en la intimidad dice sobre lo de Cuba, lo que tiene pensado después de lo de Bahía de Cochinos, lo que Jack tiene en mente en relación al asunto de Fidel Castro, ese hombre alto y barbado cúmulo de las preocupaciones de los chicos de Sam por los enormes intereses que se tienen en la isla, y no sólo eso, de por sí ya mucho, Sam Giancana anda tras la fórmula para tumbar a Castro y así quedar bien ante JFK para después cobrarle las facturas…”
Así, pues, Marilyn Monroe no sólo era espiada por la CIA y el FBI, sino que también era acosada por el (“hijo de perra”) mafioso italiano Sam Giancana, ese siniestro personaje descrito por Ramírez Heredia como el capo de todos, el amigo de Frank Sinatra, del líder sindical Jimmy Hoffa y de otro turbio sujeto de apellido D´Amato. Pero el más peligroso resultaba ser Sam Giancana, aliado a los más furibundos republicanos, quienes a su vez eran socios de los exiliados de Cuba.
En la medida en que se avanza en la lectura de Con M de Marilyn, nos damos cuenta que el personaje de José Baños resulta clave en la trama, pues en su afán de protegerla de los que acosan a la diosa de platino, resulta bastante vulnerable para el chantaje del que es objeto más tarde a fin de que logre conseguir información de ella por su posición privilegiada de amante en turno del presidente gringo y, por tanto, poseedora de valiosos secretos.
Según la historia de Ramírez Heredia, la Marilyn poseía un cuaderno en el que ella apuntaba sus impresiones sobre todo lo que le interesaba. Los espías que la asediaban suponían que en ese cuaderno pudiera haber secretos reveladores (auténticos secretos de Estado), razón por la cual obligan a José Baños a que lo coja subrepticiamente y le tome varias fotos con una cámara que le es entregada para el efecto.
Eje central de la historia del escritor mexicano, Marilyn Monroe es descrita de la siguiente manera: “Cómo alguien podría escatimarle algo a esa mujer, la misma que aparece vestida con unos pantalones pegados, suéter amplio sin disimular el grosor de los pechos, el rostro limpio donde sobresale el lunar en la mejilla izquierda, dientes perfectos, largas pestañas, los aretes negros simulando flores, es Ella detenida en la pantalla de los sueños de Pepe, en el calor que la embarga, sube de tono cuando Ella lo besa en la boca, se toma de su brazo y dice que Taxco los espera”.
Si bien siempre se ha querido pintar a la Monroe como una simple rubia tonta, incapaz de pensar por sí misma, ella estaba segura de que Cuba, al menos en los tiempos en que recién había llegado al país el barbón Fidel Castro que a la postre se convertiría en el dictador con más años de ejercer el poder en un puño, no representaba un peligro para los intereses de Estados Unidos. “¿Cómo podría serlo, si el pueblo cubano apenas tenía para comer?”, comentaba la diosa de platino a sus allegados.
Con algunas fallas de redacción y unos diálogos que parecen manejados por un escritor novato y no por uno en la plenitud de su carrera, como es el caso del tamaulipeco, la novela de Ramírez Heredia cumple, sin embargo, con su propósito esencial: meter al lector en la espiral en la que se encontraba en esos momentos una de las mujeres más bellas del mundo, muerta prematuramente a sus escasos 37 años de edad.
*Columna publicada el 16 de junio de 2021.