POR Jorge Octavio González
Qué tan inmaduro e irresponsable debe ser el alcalde de Coquimatlán como para ser tendencia en los medios de comunicación por sus exabruptos y borracheras.
Luis Gerardo García Olivares, que presume ser el presidente municipal interino más joven de la historia, actúa como si fuera un imberbe en las tardeadas de Olympus de inicios de siglo: se alcoholiza hasta perder la razón y aflora su verdadero ser.
Coquimatlán, de acuerdo a ese personaje caricaturesco de la política colimense llamado Roberto George Gallardo, es la tierra donde se dan los hombres…los unos a los otros.
Por algo lo dirá.
El video que circuló esta semana, tomado en las fiestas tradicionales del municipio chilingüinero, retrata de cuerpo entero a García Olivares: un sujeto que se envalentona con unas copas de más y hace el peor de los ridículos al ritmo de Todos me miran, de Gloria Trevi.
Si no fuera porque ningún otro alcalde se rebaja a actuar de esa manera, Luis Gerardo García ni siquiera sería tomado en cuenta por los medios de comunicación; pasaría inadvertido como otro alcalde más que, lamentablemente, no ha hecho nada a favor del municipio que gobierna por su ineficacia y porque el poder lo utiliza para sentirse el centro de atención.
Si no es capaz de sacar la carrera de Derecho por ser pésimo estudiante —les pide a amigas que le hagan las tareas y los trabajos que les dejan—, mucho menos está a la altura para ser un buen gobernante: lo único que se sabe de él es por los exabruptos que ha protagonizado en fiestas y cabalgatas, además del despido de trabajadores sindicalizados con todo y el uso de la fuerza policial.
Más allá de cómo fue que arribó al poder, que ya se analizó ampliamente la semana pasada en esta columna, lo cierto es que Luis Gerardo García Olivares es noticia cuando se pelea con alguien, insulta a sus interlocutores o baila completamente alcoholizado, como lo exhibieron estos días en las fiestas de Coquimatlán.
Obras, acciones y gestiones para un mayor presupuesto para el municipio es algo que, claramente, no existe en el plan de gobierno del presidente municipal; eso se lo deja a los familiares de Carlos Chavira George que, por supuesto, se están despachando con la cuchara grande del pobre y raquítico erario.
Sólo porque Carlos Chavira está encarcelado por delitos sexuales en contra de un menor de edad, algo que deberá pagar sí o sí por la gravedad del asunto, en Coquimatlán desearían que estuviera en la presidencia municipal en lugar de García Olivares, un sujeto que participaba en las mismas fiestas que acudía su jefe e incurría en los mismos excesos e inmoralidades.
Luis Gerardo García ya no siente lo duro sino lo tupido del golpeteo que está patrocinando su ex amigo y compañero de luchas en su contra; de ahí que intenta sobrellevar los últimos días como presidente municipal, antes que lo destituyan por ineficaz y no apto para gobernar, perdido en la bebida y siendo un energúmeno con quienes se cruza.
Gerardo García Olivares, en medio de todo lo que está sucediendo, ya se dio cuenta que Coquimatlán ya no era oscura; era de… lentejuelas.
