Campo de concentración nazi ¡en pleno París!*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

Una columna del desaparecido Jacobo Zabludovsky, publicada hace tiempo en El Universal, llamó mi atención porque recuerda los 70 años de un hecho real ocurrido en París en pleno dominio de los alemanes, mismo tema que se aborda en la novela La llave de Sarah, de la cual aquí expongo mis impresiones.

Con una cierta similitud a historias como La decisión de Sophie o El Diario de Ana Frank, esta última en la que la jovencita judía que lleva un diario secreto narra los horrores vividos durante la Segunda Guerra Mundial, la novela La llave de Sarah aborda también el conmovedor caso de la niña que tiene guardado un terrible secreto que le marca la vida para siempre, pero todas con un denominador común: la sombría época nazi como telón de fondo.

La autora de la novela La llave de Sarah es Tatiana de Rosnay, alter ego de una de las dos protagonistas (Julia Jarmond), pues la otra es la propia niña que logra sobrevivir a los horrores y muere a la edad de 40 años en una población cercana a la ciudad de Nueva York. 

Así, pues, la periodista Julia Jarmond decide indagar sobre la terrible historia de Sarah que, junto con sus padres, es conducida a un campo de concentración que se encontraba en pleno centro de la ciudad de París.

La periodista Julia Jarmond es norteamericana de nacimiento, pero afianzada en la ciudad de París desde más de 20 años. Está casada con un francés típico que es arquitecto y tienen una hija de once años en común. La mujer trabaja para una revista francesa que más bien está destinada a lectores gringos (como ella y su editor), pues a los franceses no les llama la atención nada que no se refiera a ellos mismos. 

En tanto, la autora de la novela, Tatiana de Rosnay, es una mujer de mediana edad nacida en París, pero con raíces inglesas, francesas y rusas. 

Se trata, pues, de la combinación perfecta (la escritora que tiene en su personaje principal a su otro yo) para realizar una novela que, si bien no logra toda la intensidad que otras historias, aborda un terreno pocas veces recorrido por la literatura y la historia: el de los campos de concentración nazis que existieron en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Y es que, salvo el antecedente de la novela Huérfanos del mal, el excelente thriller del francés Nicolás d´Estienne d´Orves al que me referí aquí la semana pasada, a nadie más recuerdo que se halla referido a este evento que ocurrió realmente.

La autora de la novela hace notar la falta de memoria de los franceses sobre un hecho histórico que los llena de vergüenza, apenas reivindicado hace casi dos décadas (en 2002) por las propias autoridades, al cumplirse 60 años de una de las grandes infamias cometidas por el gobierno de Francia en 1942: cuando muchas familias judías fueron detenidas y llevadas a campos de concentración en pleno París y dirigidos por policías parisinos abyectamente al servicio de los alemanas (en contraparte, en Francia fue donde surgió la llamada Resistencia) que ya le daban forma a lo que denominaron “la solución final”.

Como es de esperarse casi siempre en este tipo de actividades, hubo muchos inocentes que perdieron la vida, hecho que resulta más angustiante si se toma en cuenta que esas víctimas eran niños. El suceso ocurrió el 16 de julio de 1942, cuando en el Velódromo de Invierno, un famoso estadio cubierto donde se celebraban pruebas ciclistas, “estuvieron hacinadas miles de familias judías durante varios días en unas condiciones espantosas. Después las enviaron a Auschwitz y las gasearon”.

El Velódromo de Invierno –ya desaparecido— fue el lugar donde concentraron a las familias judías que vivían en París. 

Lo más lamentable es que los que detuvieron a esas gentes y las apretujaron en ese lugar para después enviarlas a los campos de concentración nazis en Polonia donde morirían, eran franceses: de ahí que durante mucho tiempo a los parisinos los hubiera cubierto un manto del olvido, pues a todos les avergonzaba ese episodio histórico que no quisieran recordar nunca más.

En esa que sardónicamente se llamó Operación Viento Primaveral, la Gestapo pidió a la policía francesa que “entregara” a cierto número de judíos de entre 16 y 50 años. “La policía puso tanto empeño en deportar al mayor número de judíos posible que decidió llevar las órdenes aún más lejos, de modo que arrestaron a un montón de niños, aunque habían nacido en Francia. Arrestaron a niños franceses”, dice un personaje de la novela. 

En total, fueron cerca de 80 mil los que salieron deportados de París con rumbo a una muerte segura, de acuerdo con la narración de la escritora.

En lo que fue el Velódromo de Invierno se construyó un edificio que alberga las oficinas del Ministerio del Interior de Francia. Cerca del lugar, en el bulevar de Grenelle, hay una humilde placa en la que se lee lo siguiente: 

“Entre los días 16 y 17 de julio de 1942, 13 mil 152 judíos fueron arrestados en París y sus suburbios, deportados a Auschwitz y asesinados. Por orden de los ocupantes nazis, la Jefatura de Policía de Vichy encerró y hacinó en condiciones infrahumanas a mil 129 hombres, 2 mil 916 mujeres y 4 mil 115 niños en el Velódromo de Invierno, que se alzaba en este mismo lugar. Nuestro agradecimiento para aquellos que intentaron salvarlos. Caminante que pasas por aquí, ¡nunca lo olvides!” 

Los campos de concentración de Francia eran la antesala francesa del tenebroso polaco de Auschwitz: esos eran el de Drancy, el más cercano a París, así como el de Pithiviers y el de Beaune-la-Rolande. En este último lugar, una antigua estación de tren convertida en guardería, se encuentra un cartel que dice lo que sigue: 

“En memoria de los miles de niños, mujeres y hombres judíos que entre mayo de 1941 y agosto de 1943 pasaron por esta estación y el campo de internamiento de Beaune-la-Rolande antes de ser deportados al campo de exterminio de Auschwitz, donde fueron asesinados. Que no se olvide jamás”.

De la barbarie hitleriana nadie duda, pero no de la francesa: eso es lo que a ellos los llena de vergüenza, por lo que tratan de hacer creer que nunca pasó nada en la Segunda Guerra Mundial. De eso precisamente trata la novela La llave de Sarah: de la forma en que es detenida su familia, hacinada en el Velódromo de Invierno y enviada al exterminio.

Sólo Sarah y su amiga Raquel, ambas de diez años, logran escapar de aquel infierno creado por los propios franceses. Pero Sarah tiene un secreto que la angustia y no la dejará descansar hasta lograr desentrañarlo de la manera más dolorosa posible.

De todo eso es sobre lo que indaga la periodista Julia Jarmond (alter ego de Tatiana de Rosnay) para ofrecernos una historia conmovedora en La llave de Sarah, una novela muy estimable para los espíritus sensibles.

*Columna publicada el 10 de diciembre de 2020.