POR Luis Fernando Moreno Mayoral
Gustavo Vázquez Montes fue el último de los gobernadores del PRI que, ciertamente, les dio su lugar a los periodistas de Colima y fue amigo de varios de ellos.
Llevaba tres o cuatro años escribiendo en los medios cuando la sucesión gubernamental estaba en su apogeo; de los nombres que se manejaban como aspirantes del tricolor, sin embargo, el tecomense no era tomado en serio por los analistas políticos de aquella época.
Colima estaba partido en dos: los que apoyaban las aspiraciones de Humberto Silva Ochoa y los que impulsaban a Jesús Orozco Alfaro (poco antes Rogelio Rueda Sánchez fue descartado por no tener el respaldo de la cúpula priísta, y mucho antes que el manzanillense Héctor Michel Camarena y Socorro Díaz Palacios).
Mi papá Bibiano Moreno Montes de Oca, uno de los amigos más cercanos que tenía Gustavo Vázquez Montes, fue el primer columnista en dar la primicia de que sería el entonces diputado local y dirigente estatal del PRI el candidato a gobernador.
Su fuente vino desde las mismas entrañas de la dirigencia tricolor.
Humberto Silva Ochoa nunca le perdonó lo que consideraba una traición: el ex rector creía que la amistad tendría que reflejarse en un apoyo incondicional y sin miramientos hacia su persona, como sí lo hicieron Topiltzin Ochoa Cervantes y Ada Carvajal, abyectos a más no poder a la causa humbertista.
Pero la realidad les pegó directo en la cara: como nadie quería vivir en el error, tuvieron que sumarse a la campaña de Gustavo Vázquez Montes; HSO y sus corifeos tuvieron trabajo en el Congreso del Estado cuando al dueño del Ecos de la Costa lo hicieron coordinador de la fracción del PRI y presidente de la poderosa Comisión de Gobierno Interno.
Gustavo Vázquez Montes llegó a la gubernatura tras ganar dos elecciones al hilo: la ordinaria y la extraordinaria.
Bibiano Moreno ya ha relatado, en diversas columnas, su experiencia con el ex gobernador de Colima: siempre se dio tiempo para verlo y platicaban como grandes amigos; en varias reuniones que tuvieron me tocó estar ahí y puedo dar fe del aprecio que le tenía el tecomense a mi padre.
Cierto es que, cuando GVM invitó a mi papá a colaborar con él, fuerzas oscuras se habían adelantado a ocupar la dirección para uno de sus personeros.
Y cuando todo se estaba acomodando en su lugar, vino el avionazo en donde Gustavo Vázquez y otras siete personas perdieron la vida; a partir de ahí el priísmo local no hizo sino deteriorarse por el perfil tan limitado de los mandatarios que llegaron después.
Silverio Cavazos Ceballos, aunque presumía una amistad con Gustavo Vázquez Montes, fue una pésima elección por los resultados tan pobres y el despilfarro que lo caracterizó.
Cavazos Ceballos empoderó a reporteros igual que él: ignorantes, corrientes y con unas ganas increíbles de marearse con el poder; esa fue la etapa en donde el periodismo perdió seriedad ante los ojos de los mandatarios que siguieron, como Mario Anguiano Moreno y José Ignacio Peralta Sánchez.
Recuerdo que, cuando Silverio Cavazos asumió el poder, muchos periodistas se alinearon con él para recibir favores y dinero.
Yo no.
Y aunque nunca tuve relación alguna con el gobierno de Silverio Cavazos, el gobernador quiso influir en lo que escribía para pedir que ya no criticara a uno de sus grandes amigos.
Silverio Cavazos llamó directamente a Bibiano Moreno para enviarme un mensaje.
“De amigos”, fue lo que le dijo el mandatario a mi papá.
No sé cómo habría sido la conformación política si Gustavo Vázquez Montes no se hubiera muerto; lo que sí sé es que Mario Anguiano Moreno jamás habría sido gobernador porque el tecomense tenía su propio proyecto transexenal.
Y es claro que lo habría cumplido: GVM era un fenómeno de la política; el magnetismo que tenía con la sociedad, con el pueblo, era increíble. No ha habido otro gobernador que tenga ese carisma y ese amor de la gente.
Lástima que muchos arribistas, incluyendo algunos de sus familiares, lucraron a más no poder con su imagen; seguro estoy que él nunca lo habría permitido.
Y para quienes compararon a Mario Anguiano Moreno con Gustavo Vázquez, sobre todo en el arrastre con la gente, hay una clara diferencia:
Gustavo Vázquez sí era genuino, transparente; siempre vio por sus amigos y quería lo mejor para la gente.
Mario Anguiano utilizó una careta para aparentar algo que no era; utilizó el poder para enriquecerse y vivir como jeque árabe.
Más adelante, en otra ocasión, escribiré más sobre aquellos años fatídicos para Colima.
Hoy ya no.
Sólo espero que, donde quiera que se encuentren, Gustavo Vázquez y Bibiano Moreno estén platicando y cimbren los alrededores con sus estridentes y sonoras carcajadas.