POR Luis Fernando Moreno Mayoral
Este 8M en Colima, a diferencia de años pasados, no tuvo incidencias de mayor relevancia.
La estridencia se llevó a los mismos niveles: marchas, consignas, gritos y el incendio de la puerta de Palacio de Gobierno.
Ya es tradición, sin embargo, que suceda eso; la cuestión es que la gente no ve normal ni con empatía estas acciones de vandalismo.
Cierto es que, de acuerdo a lo que dicen los colectivos feministas, un muro o una puerta no pueden valer más que el sufrimiento de una madre que no encuentra a su hija o la desesperanza de no hacer justicia ante un hecho de violencia.
Tienen toda la razón.
Pero no por eso cada año, cada Día Internacional de la Mujer, tiene que aflorar la violencia; no se puede normalizar que un día al año haya destrozos, pintas en paredes de instituciones, de iglesias, amén de incendios en puertas y un jaloneo entre las manifestantes y la policía o las feministas y los reporteros.
Quieren su propia Purga: de acuerdo a la película, dirigida por Everardo Gout, Gerard McMurray y James DeMonaco, un día al año el gobierno de los Estados Unidos permite a la gente cometer todo tipo de delitos sin castigo alguno, incluido el asesinato.
Pueden hacer todas las atrocidades que sea en el lapso de 24 horas; en el momento que se termine el tiempo deben parar: cometer un crimen un solo segundo de más ya es castigado por la ley.
La argumentación para permitir este coctel de sangre cada año es que la sociedad civil se desahoga un solo día a cambio de mantener la seguridad el resto del año. Pero al final se determina que no es necesariamente así.
El 8M, el Día Internacional de la Mujer, se convirtió en La Purga de las mujeres: todo acto de violencia, en el límite o al margen de la ley, es permisible para las autoridades; es el desahogo para quienes afirman sufrir violencia la mayor parte del año.
Las manifestaciones de las mujeres, hasta donde se sabe, no han llegado el extremo de incurrir en crímenes como en la película en cuestión; sin embargo, no debe normalizarse cada año el surgimiento de colectivos que se organizan para hacer desmanes y atentar contra muros e iglesias sin consecuencias legales.
Las mujeres tienen todo el derecho de pedir y exigir que no las maten, que no las violen y que no las desaparezcan; a lo que no tienen derecho algunos grupos radicales es a manchar una fecha que conmemora el sufrimiento de las mujeres y la lucha que han emprendido a lo largo de muchos años para tener mayores oportunidades.
